Qué significa ser madre (sin pelos en la lengua)

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Soy mamá de una niña preciosa que ya tiene 3 años y medio. Ahora vendría la frase de “se me ha pasado volando” pero mentiría si lo dijera. He exprimido cada día al máximo y no se me ha pasado rápido. De hecho, parece que lleva en mi vida mucho más tiempo. Sacrificios, sufrimientos y una felicidad infinita. Esto es lo que significa ser madre para mí.

Qué significa ser madre antes incluso de serlo

Una de las metas de mi vida era ser madre. Estudié mi carrera y he estado trabajando desde entonces pero mi ambición laboral siempre ha sido compatible con la personal. Quizá por esas ganas que siempre he tenido pensé que me costaría más quedarme embaraza pero oye, a la primera. Abortamos a las 2 ó 3 semanas y aunque nos llevamos una lógica decepción en el momento no es algo que nos dejara muy marcados. Cuando nos pusimos de nuevo a ello, me volví a quedar enseguida. Así que en ese aspecto me considero muy afortunada.

El embarazo lo vivimos como todo lo que hacemos en pareja, muy intensamente. Disfrutando cada momento. Yo me encontraba bien y ágil casi hasta el final. Pero cuando mi madre me preguntaba “¿A que sientes un amor infinito desde el momento en que supiste que estabas embaraza?” mi respuesta era siempre “No”. ¿Cuál era mi problema si siempre había querido esta niña (porque ésa es otra, yo quería niña sí o sí)? Pues creo que no había más problema que el dejarme llevar por las voces que más se hacen oír y no por aquéllas que hablan bajito. Para mí el embarazo era muy abstracto. Sí, mi cuerpo cambiaba, sentía movimiento dentro de mí pero todavía no era nada palpable, algo a lo que dirigir ese amor incondicional.

Qué significa ser madre nada más serlo

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Y entonces llega el día. Diría que el mío fue un parto fácil. Muchas horas dilatando pero el parto en sí fue un visto y no visto. Ningún punto y todos sanos. Empujas, o crees que lo haces pues con la Epidural tampoco sentí mucho, y de repente me ponen una bolita de carne y pegajosa encima. Ahí es cuando me embargó la emoción. Lágrimas de felicidad por tenerla por fin en mis brazos y ¿ya siento ese amor infinito? Pues no. Mucho sentimiento de protección, miles de sensaciones y todas buenas. Amor, por supuesto. Yo la quería mucho, pero no puedo decir que fue lo que más quise desde el momento en que la tuve en mis brazos. Es un sentimiento que aumenta cada día, que se gana siemplemente con tenerla en brazos minuto a minuto.

Los primeros días son difíciles, que nadie os engañe. Y también las primeras semanas o incluso meses. Y pese a las noches sin dormir, a los llantos que no entiendes, y sobre todo, a la gran dependencia que de ti tiene esa personita, el amor en mayúsculas empieza a abrirse paso. Y crece un poquito más cada día, tan rápido que parece que no la puedes querer más. Pero sí puedes, porque sigue creciendo. Aún hoy cada día creo que la quiero más, incluso cuando no me parece posible.

La felicidad de lo que significa ser madre

Tener a mi niña es lo mejor que me ha dado la vida. Si tuviera que volver para atrás, mil veces elegiría tenerla. Ser su mamá es un regalo cada día. Y aprendo mucho con ella. A veces hasta me hace pensar y replantearme cosas con una simple pregunta. Su sonrisa y sus abrazos son capaces de levantar cualquier momento malo. No necesito más. El orgullo que se siente es casi irracional. Los niños nos hacen ver la vida de otra manera. Ni mejor ni peor, simplemente distinta.

En mi caso sí puedo decir que soy más feliz por tenerla conmigo porque ser madre me completa de alguna manera pero, y aquí viene el pero, también soy mujer, pareja, amiga. También tengo mi vida aparte de ella, mi trabajo, mis hobbies y mis ratos para mí.

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Los sacrificios de lo que significa ser madre

Y ésta es la letra pequeña que pocas veces nos cuentan. Y ocurre porque si lo dices en voz alta parece que eres una mala madre. Igual que estigmatizamos a aquéllos que no quieren tener hijos. Yo no creo que quien no sea madre o padre sea más infeliz. No se puede echar de menos lo que no se conoce. Quizá sean incluso más felices que los que nos incluimos en la casta de padres. Tampoco creo que la paternidad sea para todo el mundo.

En mi caso, he tenido la gran suerte de no sentirme sola ni un solo momento, no sólo por el apoyo familiar sino principalmente por el de mi chico. Un papá que se ha implicado al 50% desde el minuto uno. Con sus miedos e inseguridades, igual que los míos, pero que no ha dudado en nada y mucho menos cuando se trataba de ayudarme y hacer que me sintiera mejor.
Por eso, yo he intentado seguir teniendo mis parcelas. Ratos para mí, para leer, descancar o quedar con mis amigas; momentos en pareja que son súper necesarios para recordarnos que no sólo somos padres; ratos que me hacen sentirme mejor y más mujer: cuidándome y sobre todo trabajando.

Aún así el equilibrio es muy complicado. Un niño te absorbe la mayor parte de tu tiempo. Hay cosas que ya no puedes hacer y otras tantas que sí pese a tener niños y a que hay quien lo ve “raro”. Recuerda que tú decides. Porque ser madre no es nada fácil. Vives en un estado de eterno cansancio. Y a veces tienes que ser egoísta y siempre que tu niño esté bien también tienes que mirar por ti. Si no estás bien no podrás ser la madre que quieres.

No sé si he sido capaz de plasmar en estas líneas lo que significa ser madre para mí. Es la faceta más importante de mi vida pero no la única. E intento que eso nunca se me olvide.

Y para ti, mamá, ¿qué significa ser madre? ¿Me lo cuentas?

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